Danis Rodríguez.
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En el municipio de Pore, en Casanare, en medio de las sabanas llaneras y los grandes pastizales verdes que son adornados por algunos árboles que se erigen dentro de aquel horizonte, existe un valle entre el río Curama y el Guachiría en donde se ubica Bocas de Pore.

Calidez, amabilidad y llano

Danis Rodríguez

Pore, Casanare

En el municipio de Pore, en Casanare, en medio de las sabanas llaneras y los grandes pastizales verdes que son adornados por algunos árboles que se erigen dentro de aquel horizonte, existe un valle entre el río Curama y el Guachiría en donde se ubica Bocas de Pore. En estos sabanales llenos de ganado vacuno, que con su mirada penetrante demuestran el carácter que forja la vida llanera, galopan jinetes de todas las edades, con su sombrero de cuero, sus camisas de manga larga, sus pantalones remangados hasta el tobillo y los pies descalzos, empujando el ganado a caminar por las estrepitosas llanuras inundables del Casanare. El paisaje casi estático del llano se mueve por su gente que lo atraviesa de manera aguerrida, mientras doma el espeso mar verde. Allí mismo, al paso de los jinetes con su ganado, las garzas surcan el cielo en un baile que acompaña el galope de los equinos. Atravesando este horizonte, en medio del camino que recorre el oriente colombiano, vive Danis Rodríguez. Ella es una cálida y amorosa madre, dedicada al campo y a vivir con amor por lo que hace. Día a día, despierta feliz de sentir que está en su llano; creció en la finca en la que hoy ve a su hija seguirle los pasos, a quien acompaña a que aprenda a montar a caballo.

Danis Rodríguez.

Quiere que las nuevas generaciones sientan la libertad del llano, que aprendan de la mano de sus seres queridos, a través del amor. Tiene claro que la necesidad de cambiar es permanente, por esto motiva a sus hijos a avanzar; así como a diario galopa en su caballo, desea estar preparada para el mundo que tienen enfrente. “Eso es como cuando el hombre está enamorando a la mujer”, sentencia con su afectuosa mirada; con cariño, con caricias, con amor es la única forma de hacer cambios en la vida de los jinetes llaneros. En su sombrero se lee D27J, el código que le fue asignado por la alcaldía para marcar ganado. Para ella significa aún más: “Danis; 27, la edad en la que me dieron el número, y Jhon”, dice mientras toma un sorbo de café. Amable en su hablar y su mirada, ve en sus hijos el fruto de su amor al llano y el futuro de este.

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