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Mar, azul, montañas, verde. Es lo que divisan los buques al llegar a la Perla de América, ciudad que enamora por sus paisajes a los tripulantes, “la sierra, el mar, el morro, los nevados”.

Entre mares

Luis Guillermo Rodríguez

Santa Marta

Mar, azul, montañas, verde. Es lo que divisan los buques al llegar a la Perla de América, ciudad que enamora por sus paisajes a los tripulantes, “la sierra, el mar, el morro, los nevados”. Sus contrastes y riquezas naturales llenan de orgullo a Luis Guillermo Rodríguez, piloto práctico en el puerto de Santa Marta; día y noche hace frente a la majestuosidad de este planeta, pues cada buque que llega y sale está cargado de particularidades culturales, que lo sorprenden y llenan de aprendizajes. Luis Guillermo no es el único sorprendido. Los capitanes y las tripulaciones, una vez pisan tierra colombiana, específicamente Santa Marta, se interesan por conocer su diversidad cultural, gastronómica y ecológica. Como indica Luis “los capitanes siempre llegan con muchas preguntas”. Al ver que no es el único enamorado de esta ciudad, se llena de orgullo y busca ser el mejor anfitrión, “cuando subo a un buque lo primero que quiero es que se sientan contentos llegando a Colombia y en especial a Santa Marta”.

Luis Guillermo Rodríguez.

Así como se convierte en la cara de este país colorido, “las tripulaciones y los capitanes por lo general ven al piloto como la cara amable que los recibe”. Para Luis, la calidez se centra en hacer sentir bien a los otros, sin importar su nacionalidad, su idioma o creencias. Para generar mayor conexión con las diferentes personas que conoce a diario, recurre al idioma marítimo, que, a pesar de las diferencias culturales, los une. Él hace sentir cómodo a cualquiera, y lo logra generando un ambiente de trabajo caracterizado por el trato cercano, informal, pero profesional. Gracias a esto, el que llega al puerto comienza a ser parte de una cálida hermandad.

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