Arinson Arley Cifuentes.
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En la frontera entre el Meta y el Guaviare, los ríos Guayabero y Ariari confluyen en medio de la llanura para formar el río Guaviare, que según los locales viene de la unión de los dos anteriores.

Guardián de los ancestros

Arinson Arley Cifuentes

Cerro Azul, Guaviare

En la frontera entre el Meta y el Guaviare, los ríos Guayabero y Ariari confluyen en medio de la llanura para formar el río Guaviare, que según los locales viene de la unión de los dos anteriores. En la vereda Cerro Azul, dentro de San José del Guaviare, capital del departamento, se encuentran las pinturas rupestres de Nuevo Tolima, un compendio de cientos de pinturas cuyo significado y datación no son todavía conocidos con certeza. Este conjunto de memorias se encuentra plasmado en las inmediaciones de uno de los paisajes más extraordinarios de nuestra nación. Allí, en la serranía de La Lindosa, el panorama de belleza natural sale de lo imaginado, con ríos de colores, altas cascadas y diversidad faunística que deslumbran la mirada. Dentro del húmedo y cálido paraíso se halla una cadena de formaciones rocosas en la que se encuentran las pinturas rupestres de Nuevo Tolima, las que, en cuatro grandes paneles, muestran la concepción espiritual y material de los ancestrales pueblos indígenas. Cerca al complejo milenario vive Arinson Cifuentes, un joven de 24 años que trabaja como guía turístico en la zona. Nacido y criado en San José, se encuentra entre dos dicotomías, ser llanero y amazónico; y ser guía turístico, como su padre.

Arinson Arley Cifuentes.

Sus pasiones se juntan, se dividen y quizás vuelvan a unirse. Arinson ha recorrido el lugar de las pinturas de Cerro Azul cientos de veces, lo ha hecho desde niño. “Esto era un lugar para paseo de ollas, aquí veníamos en el colegio a limpiar y hacer carteles”, cuenta Arinson mientras recorre las pinturas con una antigüedad de más de 12 mil años. Su parte favorita del complejo es una cueva, un lugar donde no existe la luz natural y él siente que estar ahí con los ojos abiertos contemplando la oscuridad lo conecta a ese cerro místico y espiritual. La conexión que tiene con las pinturas consiste en ver cada vez que está allí algo más y por ello quiere ayudar a preservarlas, además de unirlo con sus deseos de vivir allí y construir nuevas viejas formas de habitar este espacio que durante tanto tiempo poblaron sus ancestros.

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